Sapa, una ciudad de cuento en Vietnam rodeada de naturaleza

Al Norte de Vietnam, en las montañas de la provincia de Lào Cai, se encuentra una ciudad a 1600 metros de altura, Sapa (o Sa Pa, en vietnamita). Hogar de algunas de las minorías étnicas más antiguas de Vietnam, como los Hmong o los Zai, Sapa es el destino ideal para los amantes de las montañas, de las culturas ancestrales, del senderismo y de la naturaleza.

Si quieres perderte en lo alto de estos montes de cima redondeada, cuyas laderas están conformadas por terrazas de arroz cultivado que dan una forma única a su orografía, y donde el clima cambia de un momento a otro y sin previo aviso, entonces este es un lugar que no te deberías perder. Sobre todo, si lo haces de la mano de una guía Hmong mostrándote el camino.

 Hay un aura mística que cubre a la ciudad de Sapa y a las montañas que la rodean, y no es de extrañar teniendo en cuenta la leyenda que habla de su creación.

La historia cuenta que en las montañas de Vietnam vivía un hada llamada Âu Cơ, que un día, aterrorizada por un monstruo terrible, se transformó en una grulla con la intención de huir. Lào Cai, un poderoso dragón, vio a el hada en peligro, por lo que salió a su rescate y, tras salvarla, finalmente se casó con ella.

Estos serían la madre y el padre de los vietnamitas respectivamente. Una vez juntos, engendrarían 100 huevos conocidos colectivamente como Bách Việt, los ancestros de los vietnamitas actuales, que se desperdigarían por todo el territorio de Vietnam.

Paseando por las montañas de Sapa, con un clima que puede cambiar del Sol más brillante a una niebla tan espesa que no te deja ver a un palmo de distancia, uno puede imaginar sin esfuerzo que, efectivamente, este es el hogar de un hada y un dragón. Y si se tiene la suficiente creatividad, hasta puede que el viajero los vea sobrevolando las montañas y la espesura.

Sin embargo, no todo fue siempre magia en esta zona de Vietnam, y como ocurre muchas veces con algunos de los lugares más bellos del mundo, Sapa también tuvo que luchar hasta el día de hoy para mantener su esencia.

Las etnias de los Hmong y de los Yao son los pobladores más antiguos de los que se tiene constancia en esta zona fronteriza de Vietnam. Si bien una serie de petroglifos hablan de la posible existencia de unos asentamientos más antiguos, no se sabe a ciencia cierta quienes serían esos primeros otros habitantes.

 

Como pasaría con otras zonas de Vietnam, fueron los franceses los que dieron a conocer al mundo estas tribus que hasta entonces habían vivido en las montañas en el anonimato.

Utilizado primero como uno de los puntos estratégicos para la guerra de Tonkin, con el tiempo se acabó convirtiendo en un puerto de montaña a donde los franceses se dirigían durante sus vacaciones para disfrutar de la increíble naturaleza de esta zona agreste, apenas tocada por el ser humano, y de sus baños termales.

El propio trayecto hasta esta zona de Vietnam ya forma parte de la aventura. La mejor opción es llegar hasta aquí en el tren nocturno que sale de Hanoi y que tarda 8 horas en llegar a la estación más cercana a las montañas, la de Lào Cai.

Este convoy, que no puede esconder su antigüedad y sus orígenes, es un vehículo histórico rojo y azul, todo hecho en madera, que traquetea sin piedad mientras navega sobre raíles tan estrechos, y tan cerca de las casas de la ciudad, que parece imposible que no haya más de un susto. Pero si somos capaces de ignorar el movimiento, la noche en este tren será como revivir un viaje al estilo de los grandes aventureros de antaño.

Una vez en Lào Cai, todavía nos queda coger un taxi para llegar a la ciudad de Sapa. Un trayecto cuarenta minutos cuesta arriba, por carreteras estrechas, entre árboles frondosos, y con la loca forma de conducir de los vietnamitas, no nos permitirá quedarnos dormidos antes de llegar a nuestro destino. ¡Y qué destino!

Quién se podría imaginar que, en lo alto de una montaña, en medio del campo vietnamita, se pudiese encontrar una ciudad como ésta y, sin embargo, ahí está.

Sapa parece una ciudad sacada de un cuento, como si un montón de seres mitológicos de otro mundo, hubiesen decidido hacer de su hogar este pueblo de casas de colores en lo alto de una gran colina.

Una iglesia, un parque, hoteles coloniales, edificios que parecen desafiar la gravedad, mercados donde las etnias Hmong o los sombreros rojos venden todo tipo de artesanía… Sapa es, sobre todo original. Y si visualmente no tiene parangón, las múltiples personas de diferentes etnias que la pueblan, con sus trajes hechos a mano de colores vibrantes, no hacen más que colaborar a esta sensación mágica.

 

Pero, aunque la ciudad de Sapa es sin duda una parada obligatoria, parece obvio que el viajero que ha llegado hasta

aquí, lo ha hecho con la intención de disfrutar de la naturaleza vietnamita. Y no se ha equivocado.

Nuestra experiencia recomienda contratar como guía a una de las muchas mujeres Hmong vestidas de traje tradicional que revolotean por la plaza principal. Es precisamente con la compañía de esta tribu, que la experiencia en Sapa puede volverse aún más increíble, gracias a sus historias, su cultura y la forma en que comparten con el extranjero su forma de ver el mundo.

Las mujeres Hmong son menudas y risueñas, pero el viajero no debe dejarse engañar por las apariencias, la línea matriarcal de esta tribu se nota en la independencia y fuerza que en realidad transmiten estas mujeres vestidas de colores.
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